En unos días no habrá velas encendidas, no habrá.
Necesito todo el aire.
Pero seguirán los ecos del golpeteo del agua, en la fuente, entre los peces.
Alguna melodía sí.
Sonará, a lo lejos, o de cerca, la de siempre u otra, con otro son.
Los silencios tendrán otro sabor, y las palabras otra melodía,
pero serán igual silencios, y palabras.
Muchas palabras, más palabras, por favor, más palabras.
Los abrazos, los besos de entrada, de salida, o del discurrir, serán más besos.
Con los ojos hablaremos lo que de otros modos no encontramos.
El tiempo será el que marque los ritmos, los acordes de nuestro encuentro.
Y el tiempo será invierno.
Luego primavera, y hasta verano, antes del otoño, que se desnudará de nuevo en otro invierno y siempre será así,
hasta que deje de serlo.
Serán un poco menores las ausencias, y más grandes las presencias,
incluida la suya, incluida la mía.
Saldrán a borbotones las ideas, los humores, durante un instante de un reloj, durante un incierto estar, un cierto fue.
Volveremos, cada concluir del día, a saciar los apetitos renovados,
que retornarán,
por escogidos que sean los alimentos compartidos y repartidos.
Es efímera el hambre, efímera la saciedad.
Cada vez, también, ensalivaremos nuevas uvas fermentadas, de aquí, de allá, de entonces y de hoy, aprendices de sumilleres.
Y seguiremos llevándonos al final, concluido en sí un pedacito de vida más, cada uno a su rincón, su fiel soledad.
Pero no por ello dejarán de ser nuestros días, nuestras noches, nuestros tiempos, formando en el presente ya un recuerdo, echándonos, incluso, un poquito de menos.
Bienvenido, bienvenida,
Si algo te conmueve o te sugiere alguna idea, te doy las gracias por compartirla.
Besos y/o abrazos.
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1 comentario:
cuando desperté...
...la komuna todavía seguía ahí
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