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sábado, 27 de octubre de 2007

Abigail

GENIO



Paisajes desdibujados, de blancas luces y azotadas líneas abriendo caminos.
Ríos de viento y color huyendo del tiempo buscan la belleza.
Paisajes de hielo, de pacíficos horizontes en tierra de contradicciones.
Paisajes de irrealidad, de equilibrio, de instantes eternos y unicornios imposibles.
Paisajes de dudas, de juego entre el lienzo y la pintura, la inquietud de lo inacabado.
Paisajes de ausencias, ausente el hombre, lobo para el hombre.
Ausente su devastadora tormenta, que no hace prisioneros, su naturaleza traicionada.
Ausentes el ruido y el poder, los muros del miedo y las banderas.
Paisajes de humo, de riqueza y pateras. Paisajes de flores y abismos.

ABIGAIL

Paisajes desdibujados, de blancas luces y azotadas líneas abriendo caminos.

Ríos de viento y color huyendo del tiempo buscan la belleza.
Paisajes desdibujados, de blancas luces y azotadas líneas abriendo caminos.Ríos de viento y color huyendo del tiempo buscan la belleza.Paisajes de hielo, de pacíficos horizontes en tierra de contradicciones.Paisajes de irrealidad, de equilibrio, de instantes eternos y unicornios imposibles.Paisajes de dudas, de juego entre el lienzo y la pintura, la inquietud de lo inacabado.Paisajes de ausencias, ausente el hombre, lobo para el hombre.Ausente su devastadora tormenta, que no hace prisioneros, su naturaleza traicionada.Ausentes el ruido y el poder, los muros del miedo y las banderas.Paisajes de humo, de riqueza y pateras. Paisajes de flores y abismos.

jueves, 25 de octubre de 2007

miércoles, 24 de octubre de 2007

Palabra de Mística

Adela mantis había pasado ya por sus seis mudas. Al desvestirse de la última de ellas se vistió precisamente del color de la primavera. El campo, recién segado, se tapizaba de un verde intenso, apenas salpicado por las primeras amapolas de junio. Devota como las de su especie, era una hembra de gran porte y perfecta sincromía con su entorno. Bellamente egipcia, rectilínea, estilizada, misteriosa, toda su vida larvaria anterior únicamente tenía una finalidad: procrearse, perpetuarse. No tanto por ella misma, sino por su propia especie. Su vida tenía sentido en la medida en que contribuyese a continuar la sucesión natural de sus congéneres. Realmente, como individuo, tenía poco valor, muy poco. “Ningún individuo vale más que su especie”, rezaba un cartel a la entrada del cementerio de insectos.

Los ardores de la madurez y la presión de su ooteca interior le provocaban una cierta ansiedad. Buscaría, desesperadamente, un macho para fecundar sus óvulos mimados. No valía cualquiera, en el prado todos los machos de mantis religiosa estarían dispuestos a dispersar generosos sus gametos. No en vano su misión existencial, a fin de cuentas, era esa. Ella sin embargo, haciendo uso de sus estrenadas artes, escogería al poeta, al músico o al trapecista, si se pusiesen a su alcance.

Reinaldo era un macho de segundo año, y su tiempo no daba mucho más de sí. No había sabido, o querido, como sus hermanos, entrar en la competición dantesca por perpetuarse, era incapaz de librar cualquier batalla, su naturaleza no era competitiva, y aceptaba, casi resignadamente, emprender su último vuelo sin dejar sus semillas esparcidas. Durante el tiempo de su forma adulta se había deleitado con su propia anatomía, sorprendido en cada momento con lo inverosímil de su similitud vegetal. Absorto en su propia belleza sucedía los días de sol y las noches de luna, en las cuales disfrutaba contemplando su sombra alargada proyectándose sobre la arena azul cobalto del camino.

Una tarde, ya las espigas granadas, en una atalaya improvisada sobre una gavilla de heno, Adela liberaba al viento del Este sus intensas feromonas.
Al tiempo, Reinaldo, en otro lugar y con los ojos cerrados, recorría mentalmente su propio cuerpo siguiendo las cosquillas que los rayos del sol dejaban en su queratina protectora, como un ritual más de su místico hedonismo.

Y el mismo viento que levantó los aromas de Adela, envolvió a Reinaldo por un segundo.

Pareciendo magia, Reinaldo salió de su semiletargo sintiendo un terrible pulso de avanzar, de recorrer contra el viento, sin una meta cierta, en busca de algo que desconocía por completo. Resistiendo los envites de aquel aire embriagante, no tardó en divisar a una hembra nefertítica, miméticamente confundida con las ramas del heno.

De pronto una duda. ¿En qué era diferente aquella mantis religiosa de las anteriores? Reinaldo notaba que algo distinto se estaba produciendo. Por primera vez sentía una atracción irracional e incontrolada que le conducía de forma insoportable ante aquella hembra. Sintió miedo. Había presenciado en otras ocasiones el final de un macho atrapado sin piedad por una hembra. No parecía existir otro término que el de morir devorado en el momento de máximo placer copulativo. Quiso resistirse, pero Adela, que ya se había percatado de su presencia, supo colocarse muy cerca, cerrando levemente su mirada y dirigiéndose a Reinaldo envuelta en una magia inefable.

- No temas, - le dijo,- no soy como las demás. Prometo darte tanta descendencia como espigas alcance tu mirada, y a cada una de ellas pondré tu nombre.

- No trates de embaucarme, se bien como sois las de tu calaña, me llevarás donde no quiero ir, encadenado a mis instintos, y darás buena cuenta sobre mi cuerpo, como todas lo hicieron sobre los otros. - Contestaba Reinaldo.

- ¿En que te basas para pensar así? ¿Es que acaso conociste a otras? No, yo no soy así, nos engarzaremos en un abrazo infinito, latiremos juntos, dejarás sobre mi tu raza y yo, generosa, haré un monte con tu nombre y podrás contemplarlo desde lo alto. Te dejaré partir. Solamente estaré contigo para saciar tu sed, y luego te irás, es mi palabra.

- Desconfío, - contestó Reinaldo. - Utilizas malas artes para convencerme, pero no caeré en la tentación.

- ¿Dudas de mi? No olvides que soy religiosa, como tú. ¿O acaso dudas de ti mismo?

Esta insinuación dejó pensativo a Reinaldo. ¿Qué motivos tenía para desconfiar de Adela? ¿No era realmente distinta a las demás y sin embargo presentía que levemente afín a él??

- Déjame acariciarte, - le pidió titubeante Reinaldo.

- Claro, acércate, siente mi abdomen fecundo, recréate entre mis brazos, absorbiendo lentamente mis esencias, descansa. Insisto, no temas, no soy como las demás. - Repitió Adela.

Reinaldo, rendido, venciendo a su propia voluntad, se perdió entre el tórax de aquella hembra, cerrando los ojos, abandonándose al elixir de tantas pasiones, aspirando cada milímetro de su cuerpo, y acabar clavando certero su aguijón de macho en un escorzo casi imposible. Todas las estrellas del firmamento pasaron en un instante ante él. Adela ensanchada aun más, mostraba a Reinaldo como un apéndice sobre sus espaldas. Brevemente inspiró, cerrando también los ojos. Se fundieron en una pausa un instante casi eterno. Adela, recuperando la presencia consciente y en un arrebato de pasión, giró su cabeza 180 grados y de un mordisco certero arrancó la testuz a Reinaldo.

Terminado el acto amatorio, Adela lentamente se separó del cuerpo inerte que le asía.

- No debiste retar a la naturaleza de las cosas, padre exánime, no hay promesa que la venza, ni deseo, ni estrategia, ni siquiera religión. Las cosas, serán como son. - Se despedía lentamente Adela del cuerpo de Reinaldo.

Y depositó su ooteca fértil de espuma sobre una roca adecuada.

jueves, 18 de octubre de 2007

Mr. Watling

Fuiste infinitivo en el tiempo de los años pares,
Existías,
en el arcón de lo imaginario existías.

Y de ese abismo de la no existencia sensitiva
con el retardo de un genio
procedente de una lámpara frotada en otro tiempo,
apareces.

En los albores del dolor apareces,
En el punto de inflexión apareces,
En el momento de la herencia significativa apareces,
A modo de una cortinilla invisible apareces.

De existir a ser. Eres.

Por un instante fuiste gerundio,
Por dos instantes,
Por tres instantes

¿Cuántos instantes?

3n + n2 = par

¿Es aplicable en lo que vive la teoría de la inducción?

Cada gerundio va dando paso a un participio repetido,
decurrente en la sucesión de los días impares,
guadiánico y desapareces.

En el humo de la hojarasca desapareces.
En la resaca anetílica desapareces.
En la espuma del trueno de esta noche, desapareces.
A modo de crepúsculo, desapareces.

De ser a estar. Estás.

¿Qué verbo es igual a n?

¿Quién?

Tú.

Gustav dice:

"Aquél que ha contemplado la belleza está condenado a seducirla o morir"

No hay destino, hay caminos. Que se cruzan con otros caminos, que a veces llevan al mismo sitio, o a sitios distintos, o a ningún sitio, o dan vueltas sobre si mismos, y otras veces, escasas, se juntan en un nuevo y único camino.
Todo es caminar...

Los sueños están dejando de serlo cuando abrimos los ojos, y hay luz y no hay olor.
Mejor que un sueño, al abrir los ojos, es que estés tú, que esté yo, por eso te he soñado, por eso me has soñado.
Tabaco y madreselva.

miércoles, 17 de octubre de 2007

Si me invitan, voy


¿Alguien en su sano juicio rechazaría escuchar a Tadzio sin Visconti haciendo vibrar las cuerdas de un piano con las dos primeras páginas del Scherzo nº 1 opus 20 de Chopin? No se si mi juicio es sano, no me corresponde, pero yo no lo rechazaría.


Sentirse Gustav Aschenbach por un momento


jueves, 11 de octubre de 2007



miércoles, 10 de octubre de 2007

martes, 9 de octubre de 2007

free music

lunes, 8 de octubre de 2007



En la Fiesta Nacional

DE BANDERAS Y COLORES
(El poder de las banderas y las banderas del poder)


Es de todos conocido el poder simbólico de las banderas, y como símbolo, su fin parece ser el de comunicar. Han servido para facilitar el atraque de los buques, el aterrizaje de los aviones, otras nos indican el estado de la mar, a cuadros el final de una carrera, simbolizan un territorio, un estado, una ideología, un equipo de fútbol, una rendición... De ellas quedan excluidas los ciegos, curiosa contradicción, pues los que las usan, en muchos casos, lo que dicen es que las sienten.

En este caso, me refiero a las banderas que representan una ideología, no meros instrumentos consensuados de comunicación.

Cuando la bandera se carga de ideología, se hace entonces un instrumento también.

Porta, es decir traslada en una sola presencia una fuerte carga significativa, y generalmente no por el significado original de sus colores, o de sus estudiados escudos, sino porque sitúa dentro a quien la porta, a quien camina tras ella o a quien la coloca y habita bajo su sombra.

Cuando el símbolo se transforma en instrumento, entonces además de incluir, puede, aunque no necesariamente, excluir.

La bandera reduce tras de si un conjunto de pensamientos, doctrinas, antecedentes históricos, que puestos sobre la mesa de debate generarían diversas posturas, concepciones, corrientes. Reducidas en una bandera, se hacen uniformes, unitarias, equivalentes. Hace de la diversidad unidad. El pensamiento, por abstracto genera debate, posiciones, divergencias. La bandera reduce a dentro o fuera. De los míos o ajeno, amigo o enemigo.

Simplifica.

Entonces el símbolo, adquiere un valor.

Como posiciona, como significa, como uniformiza, vale mucho. Hay que defender este valor, que llega a ser último. ¡Moriré por mi bandera! Dicen..

Y el símbolo deja de ser valor por símbolo, y adquiere entidad propia. Un valor ajeno al mercado, no tiene oferta ni demanda, pero pesa, pesa en la medida que representa un poder. El poder de una masa, el poder de un ejercito, el poder de un estado. Bajo la bandera, el individuo cree adquirir el poder que representa, lo que le añade más valor aun.

La bandera se transforma en un fin. Cuantas más banderas, mejor, más poder.

El poder se vale siempre del miedo para perpetuarse. La presencia de la bandera pirata daba miedo de por si a los comerciantes del mar en otras épocas. La bandera con la esvástica se convierte en un elemento de gran poder, de gran temor en el siglo pasado, y luego de su posesión un delito.

Hay banderas sin poder, pero no poder sin bandera. Las grandes empresas invierten y gastan grandes sumas en su imagen corporativa, otra bandera del poder, de la unidad, de la uniformidad. La bandera no da el poder, pero lo transmite, lo advierte, lo concentra.

Es por todo ello, por lo que no me gustan las banderas, no quiero las banderas, sueño sin banderas.

Sin embargo, se incrustan en mi las banderas, y me gusta desfilar tras la bandera arcoiris, o me provoca una sonrisa la bandera republicana y no lo puedo evitar, cuando la bandera española sube al podio en las competiciones deportivas siento un cierto placer, y rabia, cuando en la espoleta de un misil hay una bandera de España y la inscripción made in Spain. De chile me traje muchas cosas, casi todas por dentro, de entre las de fuera, una bandera chilena. Intuyo entonces que las banderas me significan, soy también reo de su poder.

Desde que he nacido, la bandera de España ha ido de la mano del poder de la derecha. En mi colegio, los fachas llevaban una banderita española en la correa del reloj, se izaba la bandera y sonaba el himno nacional en las mañanas, y se arriaba en las tardes, solemnemente. Los “buenos” de entonces se llamaban nacionales. La democracia diluyo el valor, restó el poder simbólico de la bandera a la derecha, el escudo pasó a llamarse constitucional, y fue otro.

El patriotismo (He coreado muchas veces, un patriota, un idiota, en unas cuantas manifestaciones) nunca me ha interesado, más que para luchar contra el, se llame así o se disfrace de nacionalismo, del territorio que sea. Creo en la autodeterminación de los pueblos, que libremente se asocian en estados, países, federaciones porque juntos defienden mejor sus intereses, en las clases, en el internacionalismo proletario (pero que desfasado, por dios...) no en los territorios.

Para mi ser español no es un privilegio, ni un orgullo, ni un derecho, es una circunstancia histórica. Amo a mi gente, educado y empapado en las costumbres de la tierra en la que he vivido, no puedo sino sentir cierto cariño por ellas, las que me gustan, otras no. Asocio los olores, los colores de los paisajes y los paisanajes, me entiendo con quien cohabito, amo lo que conozco. Ese es mi único patriotismo. Odio las fronteras, excepto las del misterio y de la piel que me separa de ti y me hace desear invadirla.

Lo de la bandera de hoy es solo una estrategia. Los que desean vender Endesa a E’on, los del amigo americano y el enemigo bolivariano hacen hoy de la bandera española y su defensa (¿defensa de que?) su poder. Lo esperado, lo normal es que los que no somos de los suyos, nos pongamos al otro lado, al lado de fuera.

Sólo pretendo, y no es más que una idea, una estrategia, hacer un cortafuegos con el fuego. Contrarrestar su poder con un contrapoder, quitarles lo que no les pertenece y para mi no tiene mas valor que el sentimental, pero que es su estrategia de poder.

Potenciar las dos españas es un juego muy peligroso al que se están prestando unos y otros, y no lo quiero en absoluto, me asusta, me da terror.

Por el momento no se me ha ocurrido otra forma de tratar de contrarrestar esta infiltración ideológica de la que tarde o temprano, si no encuentro vacuna, me arrastrará a ponerme detrás de otra bandera.


domingo, 7 de octubre de 2007