Mira Jacinto, que vergüenza me has hecho pasar. No vuelvo a ir contigo a casa de los Rosch. ¡Que bochorno! No sabía donde meterme.
¿Desde cuando comes las croquetas con las manos? En mi presencia nunca, no sé que harás cuando te juntas con los amigotes del golf, porque en los lunch que nos prepara la doncella no se incluyen las croquetas, que te engordan una barbaridad y me parecen súper vulgares. ¡Te has comido cinco seguidas! Cuando la señora de Rosch quiso tomar una, casi se la quitas de la mano, y era la última. Y traga antes de beber, ¡por favor! que la mezcla de Chateau d’Yquem con pasta de croqueta no es solo un atentado al paladar y el buen gusto, sino a la vista también, especialmente entre los empastes dorados de tu boca. Cuando parecía que disimuladamente tosía ¡es que me daban arcadas!
Lo mismo de siempre con el pan, te he dicho todas las veces del mundo que tu pieza es la de la izquierda. Le has dejado a Maripi sin pan. Cuando ha querido hacer uso de él, no veas la cara que ha puesto, lo ha buscado hasta debajo de la mesa., y al final, por no molestar al servicio, ha empujado con una patata parisien, que aunque discreta, me he dado cuenta.
¿Y que me dices cuando le pediste al cocinero que te pasase más la carne?. ¡Me quedé muerta!. Él te dijo muy educadamente que era un carpaccio, y tú como si nada, insistiendo. Pues si no te gusta la carne cruda no la comas, pero no me montes el numerito.
Y menos mal que la segunda botella de champaña no nos la bebimos, si no, te tengo que traer a rastras. La mitad distribuida por aspersión entre los comensales, todos empapados, cuando trataste de evitar que se saliese la espuma tapando la botella con la palma de la mano ¡A quien se le ocurre! Y la otra mitad contaminada por los trozos de cristal de tu copa, a ver si brindas un poco mas suave, el cristal de Murano es carísimo y cuesta reponer piezas iguales. Eso sí, por lo menos, el champaña disimuló los lamparones que te caíste con la salsa Bernaise. No te compro más corbatas de seda, estás avisado, que se lavan muy mal y cuando no la metes en la vichyssoise, te salpicas con cualquier cosa. ¡Y no me pongas esa cara de póquer que tenías que estar afectadísimo! Seguro que los Rosch están aún hablando de nosotros.
Anda, cámbiate de ropa, vamos primero al club y esos pantalones te vienen anchos y se te suben hasta el pecho.
Hablando de pecho, ¿Crees que es adecuado un escote palabra de honor que llevaba Maripi para una cena? Desde luego no se quien es su modisto, pero está muy mal aconsejada. ¿Estarás de acuerdo conmigo no? Porque lo que es mirarle el escote si que lo hacías muy bien. ¿Verdad?
¿Verdad?
¡Jacinto!
No me lo puedo creer, te has quedado dormido encima de mi abrigo de astracan, ¡Levanta! Y cámbiate de prisa que llegamos tarde.
Por cierto, hoy cenamos con los Rivadavia en Horcher.