Cerró los días
el mayo más triste de la historia.
Tiempo solitario, esquivo, evadido.
Ausencia.
Inverosímil ausencia.
Miedo.
Ni sus lluvias de vida,
ni sus cielos intensos de azul y nubes,
ni las caricias frescas de viento,
vistieron a Madrid de canción.
Y no termina de llegar el calor.
La luz de la tarde no me toca.
La noche, un abrazo perdido.
El día se abre porque sí.
La belleza estallada de la primavera,
se bambolea insolente,
brota exuberante, generosa,
me viola sin seducción.
Con cien mil verdes de hoja,
renacen estúpidas las encinas.
Un fuego de polen salta de sus bosques,
fecundándose sin pasión entre ellas.
Una recurrente cubierta de nubes grises,
un olor intenso, silencioso, triste.
Estalla otra tormenta,
y saltan febriles las gotas en el asfalto.
Agua.
Ansiada agua, primigenia agua,
escurriendo entre las piernas del camino,
colmando los aljibes sedientos.
Los fresales, preñados y sin sol,
ven deslucir sus bayas aun asidas.
No encarnan, no fresean.
Son feas y dulces.
Las gatas en celo,
solicitan su amor equivocado.
Y no hay gatos.
Ni luna.
Los geranios balconean en rosa
en las casas de las viudas,
que los riegan sin falta,
antes de freír el pescado.
Van a los toros los de siempre,
sacrificando la tarde de luces,
nutrida indiferencia ante a la muerte.
De vuelta lo comentan.
Vencejos silentes,
aviones sin nido,
golondrinas entristadas,
volvieron calladamente este tiempo.
Y los periódicos solo hablan
de inflación.
Tiempo oscuro, incierto, cansado
Silencio.
Imposible silencio.
Ansiedad.
Se fue mayo,
el mayo más triste de la historia.
Bienvenido, bienvenida,
Si algo te conmueve o te sugiere alguna idea, te doy las gracias por compartirla.
Besos y/o abrazos.
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domingo, 1 de junio de 2008
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