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viernes, 27 de febrero de 2009

LA CENA

La disertación del Presidente de la Academia de Cardiología le estaba resultando un coñazo. Había venido por compromiso, por no estar al margen de aquel mundo hostil de la profesión médica. El difunto, una eminencia, había dejado más claros sus desvaríos amorosos que sus Principios Universales de la Sístole Ventricular. Resumidos por el orador en un epitafio, cargaba con densidad la sala privada del restaurante Fuimicino.

Lara Cilantro acudió sola. Saludos en la puerta, rostros conocidos, un ambiente de cortesía y cierta confraternización gremial le facilitaron las primeras conversaciones. El Lambrusco las siguientes.

Hacía tiempo que había terminado la cena, era el turno de los discursos formales y Lara no terminaba de encontrarse cómoda. Se sentía observada.

Agradeciendo los méritos póstumos al doctor muerto, el Presidente cerró su participación invitando al estrado a Carmina, la viuda. La verdadera viuda, la viuda oficial. Entre el público alguna otra se sentía también algo viuda desde el fallecimiento del doctor ausente.

Aplausos. La mujer, arropada por un vestido rojo que cubría toda su anchura, subió con gruesa dificultad al estrado. Hubo silencio. Lara Cilantro percibió el reposo de los ojos del Doctor Carballo sobre los suyos. La viuda del homenajeado no hizo introducción, directamente recitó un poema. Los convocados conocían la merecida fama de la poetisa y ésta no defraudó. Por fin afloró la emoción y algún quebranto. Solamente las pantorrillas de Lara se movían en un vaivén descompasado. Cuando Carmina recitaba el verso

Las iniquidades de tu mente
las amansaba tu corazón inquieto.
Y mis labios se mecían al compás,
arrumbando tu indiferencia.

la doctora Cilantro dejó caer un suspiro. El doctor Carballo la volvió a mirar, como mira la leona antes de abatir. Nuevos aplausos, menos sincronizados, quizá más íntimos. La sala se llenó nuevamente de revuelo y los camareros, como abejas entre las flores empezaron a servir copas.

- Un Vodka con zumo de naranja. –Solicitó Lara.
- Un Vodka con zumo de naranja - se escuchó como un eco en los labios del Doctor Carballo.

Carmina regresó a su asiento frente a Lara y retomaron la conversación. Algo en su poesía le había hecho revotar. Se sentía salpicada, irritada como un primer día de sol. No sabía donde poner los pies.

Un señor maduro con cara de cirujano dibujó con su mano el movimiento de ascenso de Carmina y se dieron dos besos. Llevó a la poetisa de la mano a otro rincón de la mesa.
Frente a Lara había ahora una silla vacía, un plato de postre sin postre y una manzanilla a medio sorber. Duró sólo un instante y como en un juego de magia, sobre la silla, apareció el Doctor Carballo.

- Me presento Doctora Cilantro, mi nombre es Julián, Julián Carballo.
- Ah! El Doctor Carballo contestó nerviosa Lara. – He leído algún artículo suyo en Science. ¿No es suya la Teoría de la taquicardia post sinodal de los amantes?
- No se burle, Doctora Cilantro. Eso forma parte de un artículo de divulgación, un guiño al periodismo, un encargo de un catorce de febrero.

Lara rió carcajadas de Vodka. Ambos rieron después. Se preguntaron y se respondieron un largo rato, entre el alboroto.

En el reloj dieron las dos y media. Lara puso de largo toda su cintura al levantarse torpemente de la silla. El Doctor Carballo le acompañó al ropero y le sostuvo el abrigo gris sobre los hombros mientras ella se giraba ciñéndose al tejido.

Procuró abrir la puerta de casa con cuidado, pero las llaves siempre chocan contra el bombín de madrugada. Se descalzó. Sintió las medias frías en contacto con el suelo. Entro a tientas en la habitación donde la respiración profunda de Marck orientaba la oscuridad. Encendió la luz del baño solo palpando con la mano. Se vio cansada, pálida. Se lavó la cara. Cubrió su cuerpo con el camisón, pero antes se detuvo en el reflejo firme de sus senos ante el espejo. Besó la mejilla cálida de su hija que dormía en la habitación contigua. Entró en la cama abriendo el embozo como una verónica. Abrazó el cuerpo caliente de Mark y éste la besó. Cerró los ojos y por un instante vio los ojos de Julián.
Mañana tirará la nota que encontró en el bolsillo del abrigo:

Fiumicino es torrente en italiano.
612276245
Doctor Carballo.