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jueves, 27 de octubre de 2011

El Lado Izquierdo de la Cama

          El retrato que sobre la pared del fondo preside la habitación parece incompleto. Una mujer mayor, sentada en una robusta butaca tapizada, dirige la punta de sus pies y el resto de su pequeño cuerpo hacia el centro de la foto, mientras a su lado, otra butaca igual de robusta, aparece vacía, como si un ocupante reciente hubiese escapado de la escena en el momento en que se disparaba el flash.

            La foto ha dejado un cerco oscuro en el entelado que cubre la pared, indicando: - este es mi sitio.

Martina es una anciana de costumbres. Se levanta temprano. Primero descuelga y confirma que el teléfono tiene línea, después toca el timbre de la puerta. Sonríe ligeramente cuando escucha el ding-dong.

Prepara el desayuno. Toma dos tazas, dos platos pequeños y dos vasos para zumo. Calienta un cazo de leche mientras coloca con mimo los dos juegos de desayuno y saca cuatro magdalenas de una caja de latón. Cuando la leche humea, la retira del fuego y sirve uno de los vasos dejando el resto de leche caliente en el cazo. Toma asiento, y desnuda primero una y luego otra de las magdalenas mientras mira de hito en hito la silla vacía de enfrente.

La mujer limpia el polvo todos los días, incluyendo el enorme marco de la fotografía  y, también a diario, pasa los paños sobre el parqué, caminando despacito de un extremo a otro de la casa. De vez en cuando se mira en un gran espejo que deforma la imagen y se ve danzando con un apuesto caballero.

Sale a media mañana, y hace la compra para dos en el mercado, pero cocina para ella sola.

Sobre la mesa camilla hay una caja de costura abierta y un pantalón de caballero lleno de remiendos. Lo compró hace muchos años en un mercadillo y de vez en cuando le añade un zurcido, al calor del brasero. Lo plancha y lo vuelve a guardar hasta la próxima ocasión en la que volverá a repetir la misma operación.

Por las noches, después de recoger el juego de platos sobre los que ha cenado, y el otro juego intacto que completaba la mesa, entra en el baño, cierra el pestillo, se lava la cara, se enjuaga la boca, deshace el moño y se empapa de Álvarez Gómez. Se mete en la cama y ocupa solo el lado izquierdo, dejando el lado derecho libre, con el embozo abierto.

Sabe que las mujeres solteras organizan tanto su vida para la soledad que no dejan sitio para un hombre cuando llega. Sin embargo ella lo tiene preparado. Ha dejado libre medio armario en su habitación y en cada mesita hay un cajón vacío.

El único inconveniente es que todos los hombres interesantes que ha conocido a lo largo de su vida, quieren dormir en el lazo izquierdo de la cama, y ese es, indefectiblemente, el lado de Martina.

viernes, 21 de octubre de 2011

Comentario al libro NAUFRAGIOS (Akira Yoshimura)

            Paseando por la Librería Alberti, de Madrid, me llamó la atención el título del libro y, especialmente, su autor Japonés. Después de dedicar la lectura de todo el verano a libros de ensayo me apetecía una novela breve de estilo oriental, pausado, descriptivo y en cierta medida transcendente.  No me equivoqué, si bien el libro tiene una  carga de tristeza más alta de lo que esperaba. 

Las artes de pesca, los cambios de color que provoca el paso de las estaciones en un paisaje estático, el hambre, las relaciones entre los miembros de la aldea aislada prácticamente del resto del mundo, forman un cuadro que se va sucediendo durante todo el relato como la melodía de una cajita de música, que pasa por las mismas notas cada cierto tiempo. 
            
              Narra el tiempo en el que Isaku, aun un niño, debe ocuparse de traer el alimento a casa para su madre y sus tres hermanos, mientras su padre trabaja durante tres años como esclavo fuera de la aldea. Debe comportarse como un adulto, aunque su cuerpo le recuerda casi a diario que aun no lo es.  

              Los naufragios no sólo dan el título a la novela, sino que constituyen los puntos de inflexión del relato. O-fune-sama, el espíritu del mar mantiene la esperanza del pueblo y es el que, según la tradición,  trae cada cierto tiempo la fortuna a la orilla.

            Es un libro para pensar y especialmente para comentar. Útil para organizar una tertulia y debatir sobre la ética y la supervivencia. Sobre lo legítimo y lo ilegítimo en esta lid de vivir cuando ello implica el sacrificio de otros.

También invita a reflexionar sobre la posibilidad de un universo en equilibrio dinámico, el bien frente al mal, una moral universal o una moral contextual,  Puede concluir con una pregunta abierta ¿Existe fortuna sin precio?


Akira Yoshimura